miércoles, 29 de mayo de 2019

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Huele a hierba. Hierba recien cortada. La brisa me refresca la cara mientras avanzo sobre la hierba hacia el lago. Estoy descalzo. Puedo sentir como cada brizna se me mete entre los dedos u les da esa sensación de frescor. También puedo sentir algunas ramitas secas que hacen inc9modo el andar. Pero ya estoy. Un buen trozo de césped que la naturaleza ha creado al lado del lago, para poder disfrutarlo. Alguna hormiga se me cuela por la zona de los gemelos, trepando desde mi tobillo y tengo que quitármela con la ayuda del otro pie. Como si andará a la pata coja.
Voy al agua, me meto. No soy capaz de hacerlo a la primera porque el agua está congelada, pero tras esfuerzos lo consigo. Casi quita la respiración de lo frío que está. Cuando te has metido si estás quieto, tu cuerpo busca de manera inercia el volverse a mover solo para entrar en calor. Lo retengo. Necesito esa sensación de frío, de contraste con el calor exterior. Sé que cuando salga del agua, por unos momentos sentiré de nuevo el calor y miuerpo lo agradecerá. Pero también sé que echaré de menos ese frío terrible.

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