Te encuentras a más de doce mil kilómetros de tu casa.
Has olvidado los problemas, el estrés... Te has desconectado.
Has podido llamar a cualquier cama, hogar, a tu mochila, amiga, y no tienes prisa por nada.
No te importa tener que madrugar para ver lugares que se irán contigo, o estar en un autobus trece horas contemplando los rastrójos y la infinita carretera que desaparece en el horizonte.
Hablas con gente diferente, debates, tomas nuevas opiniones y perspectivas. Descubres nuevas bebidas y comidas que recordarás y añorarás.
Cada día haces tantas cosas, que no tienes claro qué fue ayer, qué será mañana y te sorprende todo lo que viste a lo largo del día.
Tomas tu cerveza. Piensas en el futuro. Disfrutas de ese instante que estás viviendo, y parece que aunque estés rodeado de gente, o a miles de kilómetros de tu gente... Eres feliz, estás como en otra esfera.
Piensas en en ellos. En aquellos que te gustaría que te estuvieran acompañando en esta aventura... Sonríes.
Quizás no hayas podido traerte a ninguno en la mochila, pero como en todos los viajes, aparecerán recuerdos para embarcarlos a ellos en el tuyo.
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