domingo, 20 de noviembre de 2016

Saber esperar

En música, cuando empiezas a aprender a tocar un instrumento, una de las cosas más difíciles de hacer son los silencios. Nos acostumbramos en seguida a medirlos mal, a infravalorarlos, pensando que es la música lo que hace la música, cuando en realidad, lo que realza la música es el silencio.

Algo así nos pasa en la vida, cuando pensamos que siempre tenemos que hacer algo. Cuando deseamos algo y de tanto desearlo, no podemos esperar ni un segundo a tenerlo, a hacerlo nuestro.

No somos conscientes de que en cualquier proceso, el tiempo es un factor importante y que si de verdad amamos lo que esperamos de su fruto, deberíamos dejarlo correr, distraer la mente a otros menesteres y hacernos fuertes en el arte de saber esperar...

En cocina, por ejemplo. Un buen potaje no se consigue poniendo el fuego muy fuerte y rápido. Los mejores se consiguen amaneciendo por la mañana, con un buen café, dejando que las llamas mimen lentamente, fusionándose y transformándose, con esa magia, que solo el tiempo sabe hacer.

Nos rodean los ejemplos... El vino joven que crece con la edad. La amistad más sutil, que acaba uniéndonos de por vida. El amor que entra y destilas gota por gota...

No seamos, impacientes. Nuestros sueños, aquello que esperamos, están ahí. Esperándonos a la vuelta de la esquina. Tengamos esperanza y mientras tanto, tratemos de macerarnos lentamente a nosotros mismos.

"Debería existir una palabra que describiese la microscópica chispa de esperanza que uno no se atreve ni siquiera a sentir, no sea que el mero hecho de reconocerlo la hiciera desaparecer, como intentar mirar un fotón. No queda más remedio que acercarse furtivamente a ella, mirarla sin verla, seguir de largo y esperar que crezca lo suficiente como para enfrentarse al mundo."

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